sábado, 5 de abril de 2008


A veces me gustaría que las personas a las que quiero me pertenezcan. Es una pena que eso no sea posible.

Esas personas no me pertenecen y se pueden alejar de mi en cualquier momento. Ellas van y vienen cuando les apetece sin percatarse demasiado de los demás. Cada vez que tengo un@ nuev@ amig@ es como estar en una alta roca. En su cima solo hay 5 cm de tierra en la que yo me encuentro de puntillas. Normalmente suelo permanecer ahí de puntillas ,pero en ocasiones , cuando me percato de que en cualquier momento me puedo caer, me doy cuenta del dolor que sienten mis pies. El viento es el que me mantiene ahí , pero se puede volver contra mi y dejar de ayudarme y entonces , siguiendo su curso , me abandona , y caigo. Puede simplemente abandonarme , pero también es posible que una de sus ráfagas me desequilibren y también caiga al vacio.

He caído muchas veces. Aun así nunca llegué a tocar el palmo de tierra que se extiende indefinida y libremente a los pies de la roca. Me sujeté a la roca y volví a escalar para volver a la cima a estar de nuevo con los doloridos pies de puntillas a darle otra oportunidad al viento.

En una ocasión el viento no me envió ninguna ráfaga, simplemente me abandonó. Ese viento era fresco , apaciguador . Hacía que el dolor de mis pies se esfumara , pero me dijo adiós.

Aquella vez yo no caí por el dolor . Bajé la roca para no volver nunca más a ver al viento. Fue difícil bajar la roca . Lo intenté duramente y poco a poco llegué a la tierra verde y solitaria que me recibió con los brazos abiertos. A veces encontraba la paz pero otras echaba de menos a ese viento y a los demás vientos.

La tierra ya no era tan pacífica como antes; seguía siendo igual de solitaria y tranquila , pero, justamente por eso no me llenaba.

Entonces volví a la alta roca. Volví a escalar desde lo más bajo en busca de los vientos . Quería volver a la cima....



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