viernes, 23 de mayo de 2008


El ambiente era pesado. A pesar del intenso calor no asomaban de la bóveda celeste los rayos del sol .
De camino al apacible lar pensaba, como siempre, en lo que me hubiera gustado encontrarte.
Así, en algún momento, como si de pensamiento taumatúrgico se tratara desde atrás apareciste y por delante de mi pasaste, raudo y alígero. Yo inexistente.
No conjuré , aun así , tu nombre. Vi cómo la distancia entre tú y yo era acrecentada por segundos y, en algún momento, sin darme cuenta, me vi a mi misma corriendo tras de ti. No había tenido oportunidad de atisbar tu efigie, tu batista de angora ya no me recordaba a la de antaño, tu vestimenta ya no decía nada de ti pues los años la habían cambiado y yo apenas te he visto, tu espalda tenía una holgura de la que antes carecía; a pesar de todo esto, sabía - y sé- que eras tú.
Por mucho que me precipité en tu busca no atiné ha alcanzarte. Desapareciste de mi vista.
Extenuada, continué con mi anterior camino. ¿Por qué no logré alcanzar tu hombro? ¿Por qué no logré alcanzarte?
Tenía la esperanza de volver a encontrarte; el escuchar el murmullo de un velocípedo hacía que esta deambulante hipsipila alevosa me fustigara con el recuerdo de no haberte alcanzado.
Empecé a correr intentando amnistiar el no haber llegado a ti. No sé cuándo comencé a correr; tal vez comencé en el índigo puente, tal vez en el glauco verdado, o en el parque en el cual una vez estuvimos aquel día después de habernos zambullido en la tibia linfa... Solo sé que corrí y durante un momento creí verte, y tu recuerdo volvió turbio e intangible, y una mano -mi mano - se elevó en el aire en representación de un delirio, y al fin, al fin, palpé tu atezada vestimenta. Te alcancé - en la quimera que deseaba que fuera real-.

Ahora llueve por el cargado ambiente de antes. Muchos charcos se han formado, y de uno de ellos, emerge tu recuerdo, una vez más.

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