No sé si alguna vez he comentado que tengo un lugar "secreto" al que voy cuando los problemas no se aguantan, buscando el apoyo de alguien -o algo-, allí donde pocos se habrán parado a ver lo bonito que es el paisaje en las noches de lluvia. Y es justo en ese momento cuando una de mis máscaras se muestra, la máscara que siempre oculto dándose a conocer las noches de lluvia.
La luz de la farola me ilumina, incluso cuando cierro los ojos puedo sentir su luz justo en frente mío. Al abrirlos veo la luz reflejada en el agua; agua celeste, porque me recuerda al cielo nocturno. La lluvia crea ondas distorsionando mi cielo; al colisionar con este las gotas se vuelven estrellas blancas en movimiento, atraídas por el propio cielo que ya no está lejos, que está al alcance de mi mano.
Y allí estamos yo, mi cielo, el árbol y tú. Porque yo sé que tú también has encontrado un lugar como el mío y también sé que sufres como yo y en ocasiones sí necesitas apoyo. Al igual que yo te apoyas en el árbol o puede que en una piedra en los cuales tú me ves y yo te veo y entonces sabemos que a pesar de estar lejos no estamos solos.
No necesitamos palabras, nuestros ojos ya hablan con las estrellas que se resisten a caer en el cielo a pesar de tenerlo en frente.
Puede que alguien, en alguna ocasión vea mi silueta al lado del árbol. Normalmente se quedan mirando mientras continúan su camino pero ayer no. Ayer una persona se acercó desde el otro lado del cielo caído, a contraluz de la farola. Luego se fue.
Más tarde se acercó otra persona al mismo lugar, pero siempre alejado. También se fue pero para acercarse más supongo. Esperó un buen rato, hasta que terminé de compartir esos minutos que se me hacen tan cortos. Al darme la vuelta para marcharme no sin antes haberme despedido de ti, salió de donde estaba y me dirigió un amable hola.
Puede que fuera por curiosidad, pero esa persona es, seguramente, de las pocas que se acercan de esa manera a un desconocido y para mi es algo digno de admirar. Pude haber confundido a esa persona contigo por haberse fijado en alguien tan ridículo como yo porque sólo nosotros haríamos algo como eso. Pero sé que esa persona no eras tú porque los dos sabemos cómo hubiéramos actuado.
Resistí la tentación de descubrir su cara para no engañarme a mi misma con el hecho de haberte encontrado. A pesar de que sean pocas las oportunidades que tenemos de ir a desahogarnos ya son especiales de por sí porque al ser tan pocas, son intensas. Tanto tú como yo sabemos que no estamos solas, a pesar de que en ocasiones nos hayamos traicionado mutuamente.
Seguimos lamentándonos por saber que nunca llegaremos a vernos, pero somos felices en cada uno de nuestros encuentros donde la luz nos acaricia en señal de nuestra presencia, donde el agua nos sirve de vía para tocar un mismo cielo y nuestros reflejos, donde la lluvia crea las estrellas fugaces de nuestros sueños, donde las ramas son a veces sangre y otras mantas, donde por un momento, de verdad sentimos.
No hallarás la vida que buscas
Hace 3 semanas



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