Ocultando las palabras reales tras las falsas. Sin dar a conocer la verdadera historia. Dejando entrever fragmentos para descifrar. Haciendo un código que nadie va a intentar comprender, en un idioma teñido de falsedades y pistas.
Tantas cosas que contar... La felicidad de un pueblo marginado y su pobreza y dolor vistos y sentidos en mis propias carnes, la súplica de tu propia sangre rogándote ayuda, ver lo que puede causar la lujuria y la falta de sentido, ver la manera en que una madre puede preocuparse por un hijo hasta morir de tristeza por él, saber lo que se encuentra fuera y dentro de los burdeles de las promesas rotas, saber de la hipocresía, estupidez y falsedad de la sabiduría de hoy en día, conocer el rechazo de todo cuanto te rodea, ser amiga de la responsabilidad y del cuidado de 5 vidas y media, ser
enemiga número uno de la deshonra y amiga en proceso de reconciliación del orgullo.
Hoy me he levantado con la mente vacía y llena a la vez. Me ha dado por no ponerme el pijama y desayunar junto al frío de la mañana.
// El mensaje codificado ha sido escrito; la posición de las letras y palabras está en su sitio. Ya solo se necesita el decodificador para entenderlo.
En este caso, una vida.//
Tantos textos
vacíos...
Vacíos y llenos de sentido, pero
vacíos e
incompletos. A todos les ha faltado un final y no han sido capaces de reflejar todo lo que pienso porque son necesarias las censuras de tanto desorden.
¿Porqué no escribirlo todo, sin claves ni disfraces? Quiero que todo se sepa, y a la vez no.
Que se sepa para que comprendan -me comprendan-. Que no se sepa porque no todos aceptarán ciertos conceptos y todo eso requiere cierto grado de confianza y sobre todo, madurez.
Pero confío en que llegará el día en el que rompa esta coraza y deje de importarme lo que los demás vayan a pensar.