viernes, 8 de agosto de 2008

Espero


¿Recuerdas las veces que hemos levantado la mano hacía aquel pequeño rayo de sol que entraba por una de las rendijas que dejaba la cortina? Claro que sí. Nos tumbábamos en el suelo dados de la mano y nos volvíamos para mirarnos a los ojos. Tú parecías tranquilo y en cambio yo notaba cómo se aceleraban mis latidos. Tú soltabas esa sonrisa de vencedor al notar cómo me cambiaba el pulso y yo me giraba y soltaba tu mano para que no lo notases.

Cuando la habitación se llenaba de luz nos levantábamos, ¿te acuerdas? Entonces salíamos afuera a ver el arco que formaba el rosal que cada día era más hermoso y cogías uno de sus pétalos para acariciar con el mi cara y yo me quedaba sin aire mientras sentía que la sangre se me subía a la cabeza. Tú ,como siempre, volvías a sonreír y yo cogía una espina de la misma flor de la cuál arrancaste el pétalo y la acercaba a tu piel en ademán de hacerte una herida. Tú me mirabas curioso con esos ojos insondables y yo retaba a esa mirada hundiéndote ligeramente la espina pero en cuanto veía cómo la sangre manchaba la púa me fascinaba por la belleza de tu rostro pálido manchado de carmesí y me rendía una vez más a tu mirada.

Y los días de lluvia que pasábamos debajo del manzano hablando de lo hermosa que es una gota de agua cuando cae en un charco o lo bello que quedaría el arco de rosas mojado. Las noches de invierno que jugábamos en la nieve haciendo mensajeros de un dios que maldecíamos. La nieve caía mansa y tus manos frías cogían los pequeños copos de nieve que se confundían con tus manos albugíneas y juntos observábamos la forma simétrica e insólita que tenían.

Hace ya tiempo que te marchaste y no te he vuelto a ver. Te fuiste un día dejando sólo unas palabras acompañadas de esa sonrisa tuya. Dijiste que volverías algún día, cuando te necesitase pero yo no sé cuándo llegará ese día. Esperando sigo todavía para que podamos volver a ver juntos el rosal.

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